Rigoberta Menchú construyó su nombre defendiendo los derechos humanos de los indígenas guatemaltecos y ganó el premio Nobel de la Paz por eso. Usar ese nombre para impulsar a un negocio de farmacias no ha funcionado tan bien.
Menchú se ha convertido en socia de Farmacias Similares, la cadena de farmacias que fabrica medicinas similares, pero no iguales, a las medicinas patentadas.
La compañía negocia en el Senado para que apruebe compras del gobierno de medicamentos “similares” en caso de emergencia nacional. La cadena de farmacias asegura que se trata de un derecho humano reducir el precio de la medicina.
Sin embargo, el servicio público de salud ya compra versiones genéricas después de que la patente expira, si tienen los mismos estándares de calidad.
Hasta ahora, al menos un legislador mexicano le ha pedido a Menchú mantenerse fuera del debate sobre la reforma, argumentando que está “jugando un doble papel” como defensora de los derechos humanos y como empresaria. Lo que es seguro es que su nueva cruzada no la llevará a ganar ningún premio.
(Por Observer)
