Fumar es un vicio que no comparto y que me da miedo. Vi como un enfisema destruyo a la madre de uno de mis mejores amigos y mi padre murió de cáncer pulmonar. El cigarro es el único producto que garantiza por escrito su peligrosidad y que cada día se vende más.
Incluso personas cuidadosas, de las que leen con lupa la letra pequeña de los contratos, que tiran a la basura las latas caducas y corren a la Profeco a la más leve sospecha de que están siendo afectados por malévolos comerciantes, apartan la vista de las advertencias en las cajetillas de tabaco.
En una conferencia junto a una mujer de aspecto inteligente que no dejó en paz una cajetilla con el letreroque en el idioma de Víctor Hugo significa “fumar mata”. Además del mal aliento, la dentadura destruida y la carraspera, el tabaco es causa de cáncer en laringe, pulmón boca y estomago; presión alta y cardiopatías. Y si eso tampoco le importa entonces talvez le interese saber que si en lugar de haberse fumado dos cajetillas diarias durante más de 20 años hubiese utilizado ese dinero en comprar acciones de las grandes tabacaleras, ahora mismo podría jubilarse con una pensión millonaria.
