Industria: Alimenticia, Artículos médicos, Cuidado personal, Sector salud   Tipo: Asuntos sociales y de ONGs, Educación, Industria en general
  Fuente: Intélite
Los comedores compulsivos son personas que padecen un trastorno alimentario que se caracteriza por tener una relación muy estrecha con la depresión y problemas emocionales”, comentó Carmen Hernández representante del comité de información de Comedores Compulsivos Anónimos.
El comedor compulsivo es una persona llena de culpa, con un gran vacío emocional que intenta llenar con comida, comentó Carmen Hernández. La culpa viene por no poder controlar su forma de comer, por los resultados que la comida causa en ella y además por no poder solucionar su vida emocional.
Finalmente, Hernández explicó que Comedores Compulsivos es un grupo de ayuda, con un formato similar al de Alcohólicos Anónimos, en el cual las personas en recuperación deben llevar a cabo 12 pasos para superar la enfermedad.
25-Agosto-2006
Quieres bajar de peso... ¿y?
  Industria: Alimenticia, Cuidado personal, Sector salud   Tipo: Asuntos sociales y de ONGs, Educación, Industria en general
  Fuente: Intélite
Es imprescindible que a la hora de decidir adelgazar te informes debidamente; lo ideal sería que acudieras con un nutriólogo; después, sólo se requiere voluntad.
Existe una gran cantidad de mitos acerca de los mejores métodos para desharcerse de los kilos sobrantes. El Universal muestra algunos dudas frecuentes que pueden llevar a la confusión.
Cabe señalar que una casa es cierta: perder peso requiere de sacrificios y no se vislumbra todavía un camino fácil e instantáneo para lograrlo.
Mientras se encuentra, vale la pena ver qué hay de cierto o de falso en algunas consejos que circulan ahí al respecto.
Todas las investigaciones sobre el tema demuestran que si te saltas comidas podría desencadenar una sobrecompensación y una mayor ingestión de alimentos en la siguiente comida.
Cuando no se come nada durante unas cuatro horas, el estómago está relativamente vacío; por tanto, presenta el aspecto de un globo desinflado de alrededor de 50 mililitros de capacidad.
Sin embargo, una vez lleno, se expande y puede albergar hasta cuatro litros de comida y bebida. Ayunar, entonces, no reduce el tamaño del estómago. Tan pronto como uno empieza a comer y beber de nuevo, aumenta de volumen.
A pesar de la creencia generalizada de que la actividad física regular incrementa el hambre, las pruebas demuestran que esa afirmación es falsa y que el ejercicio sí ayuda en la pérdida y control del peso.
El que un alimento no la tenga grasa no significa que no sea alto en calorías. Los nuevos pasteles, galletas y productos lácteos con bajo contenido de grasas que ocupan las estanterías de los supermercados, de cualquier forma suministran calorías por medio de los carbohidratos.
El cáncer, una de las palabras que más asustan cuando se habla de salud, es la enfermedad que se caracteriza por una división y crecimiento descontrolado de las células. Éstas poseen la capacidad de invadir el órgano donde se originaron, de viajar por la sangre y el líquido linfático hasta otros órganos más alejados y crecer en ellos, donde la célula se comporta de forma peligrosa para el cuerpo humano.
En la actualidad ésta es una de las enfermedades que causa mayor preocupación en la población, debido a que cada día aumenta el índice de mortandad por esta causa y lamentablemente todavía no existe tratamiento alguno que pueda exentarnos de padecerla. Por esa razón se recomienda mantener una adecuada higiene genital, controlar el consumo de bebidas alcohólicas, pero sobre todo una dieta adecuada, rica en fibras vegetales, frutas y baja en grasas.
Consumir frutas como el durazno, la pera, la manzana, la ciruela y el kiwi ayudan a la prevención del cáncer, ya que sus propiedades altas en fibra retrasan el vacío gástrico, alentan la absorción de glucosa, reducen el colesterol de los alimentos, reducen el tiempo de tránsito intestinal y aumentan el volumen de las heces.
La manzana contiene vitamina E y C. Ayuda en la disolución del colesterol, es una buena arma contra la diabetes y la hipertensión. Es rica en fibra y potasio. Actúa como un laxante suave, diurético y depurativa. Es sedante, ayuda a bajar la fiebre y disminuir el tabaquismo, es anticancerígena.
¿Son seguros los envases plásticos para hornos de microondas?
Justificación
En todos los casos es importante que el consumidor esté informado, y ejerciendo ese derecho solicite al vendedor o distribuidor de los recipientes, las instrucciones de uso y la constancia de su aprobación por la autoridad sanitaria competente, por ejemplo el INAL (Instituto Nacional de Alimentos) o el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria), entre otras; en caso de que esta información no figurara en el rótulo. Todos los materiales plásticos en contacto con alimentos deben ser aptos sanitariamente, cumpliendo en el ámbito del MERCOSUR los requisitos de la Legislación vigente, incorporada al Código Alimentario Argentino. Si esto ocurre, no existe riesgo alguno asociado al uso de materiales plásticos en contacto con alimentos para una aplicación en particular.
Introducción
Los hornos de microondas surgieron como una alternativa al horno convencional ya que el tiempo requerido para el calentamiento del alimento y el consumo de energía son mucho menores. Muchas de las consultas a INTI-Plásticos en este tema, provienen de usuarios que reclaman por recipientes plásticos que, o no son adecuados para el calentamiento en horno de microondas, o son usados en forma incorrecta o no se sabe cómo usarlos, tanto porque no se siguen las instrucciones de uso, como porque el artículo carece de las mismas, o éstas son incompletas. También es importante verificar la aptitud sanitaria de estos recipientes, sobre todo en lo que respecta a los posibles efectos de las microondas sobre la migración de componentes no poliméricos de los plásticos. Por ello, en el marco del Proyecto de aptitud sanitaria de INTI -PLASTICOS, y de un trabajo conjunto con la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, se estudió el efecto del uso repetido del horno de microondas en muestras de recipientes alimentarios utilizados en el hogar (tomados del mercado). Se seleccionaron muestras de un mismo material polimérico (polipropileno), rotuladas como aptas para uso en freezer y horno de microondas (M1), y muestras sin especificaciones en el rótulo (M2). Se evaluó el efecto del uso repetido del horno microondas:
- cuantificando la migración de componentes del envase en simulantes de alimentos
- estudiando la variación de propiedades mecánicas.
Metodología
1. Cuantificación de la migración total de componentes del envase en simulantes de alimentos según la metodología de la Resolución GMC 36/92 del MERCOSUR.
2. Variación de propiedades mecánicas. Las muestras se evaluaron estudiando la variación de la resistencia a la tracción del material[1] y la dureza Shore D[2].
Resultados
1. Los resultados de migración total fueron menores que los límites establecidos por el Código Alimentario Argentino (Cap. IV) y la Legislación MERCOSUR. Los valores de migración total en la muestra M2 disminuyeron con las repeticiones.
2. Evaluación de las propiedades mecánicas: De los resultados obtenidos en el ensayo de tracción se desprende que si bien existen para ambas muestras una ligera fluctuación en los valores de resistencia a la tracción, los valores de elongación a rotura se mantienen prácticamente constantes. Debe tenerse en cuenta que es justamente la variación de la elongación a la rotura el parámetro que suele evidenciar en forma más clara los procesos de degradación que ocurren en un material polimérico. En cuanto a los resultados obtenidos de la medición de dureza Shore D se observa en la muestra (M1) una tendencia a aumentar con el número de repeticiones, lo que indicaría una posible rigidización del material. Esta idea se ve reforzada por el hecho de que los envases presentaron pequeñas fisuras en el punto de inyección. Los valores de dureza Shore D de la muestra (M2) se mantienen constantes hasta la tercera repetición, pero al aumentar el número de repeticiones este valor disminuye lo que podría ser un indicio de una plastificación del material en la superficie.
Conclusiones
Los valores de migración total hallados cumplen los límites de la Resolución GMC 56/92 del MERCOSUR. La disminución de la migración con el uso repetido concuerda con resultados previos [3].
En cuanto a la incidencia del uso del microondas en las propiedades mecánicas puede inferirse que al aumentar el número de repeticiones comienzan algunas alteraciones de tipo superficial que no afectan a la totalidad del espesor del envase. No se comprueban en este sentido diferencias entre los envases rotulados comercialmente como microondeables (M1) y los no rotulados (M2).
Sobre la base de estas conclusiones se propuso a la Comisión Nacional de Alimentos, que funciona en el ámbito del INAL-ANMAT y al Grupo ad-hoc envases y materiales en contacto con alimentos del MERCOSUR, la necesidad de legislar sobre la rotulación de este tipo de recipientes, en particular, así como de los demás utensilios de uso en el hogar en general, promoviendo además, la capacitación del consumidor en su correcto uso.
¿Es cierto lo de la dioxina y el horno de microondas?
Según los especialistas, las dioxinas forman una familia de 210 compuestos, de los cuáles 17 son considerados tóxicos, y no biodegradables. La principal forma de que el cuerpo humano llegue a absorber estas dioxinas, es a través de la grasa consumida.
Las dioxinas pueden ser producidas por la quema de plásticos, especialmente el PVC, pero no existe ningún estudio científico respecto a la creación de las mismas a partir de los productos plásticos empleados en los hornos de microondas.
La FDA (Food and Drug Administration, Dirección de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos), organismo contralor de todo lo relacionado con los alimentos y la salud humana, afirma que cualquier dioxina que pueda ser transferida a la comida por este medio (contacto directo con un envase plástico), es mínima, y dentro de los límites de tolerancia.
Por otra parte, se recomienda que siempre se utilicen productos preparados para su uso en hornos de microondas, como recipientes de vidrio, etc.
Los plásticos que cubren las comidas calientes, están hechos para un solo uso. Dentro de esos límites, jamás han demostrado tampoco, indicios de que lleguen a liberar las dioxinas.
Las pocas referencias concretas a las dioxinas y las microondas, se encuentran en una publicación de la FDA, y están relacionadas con ciertos recipientes de papel usados por algunos alimentos preparados para su calentamiento en hornos de microondas, y también en los envases de leche hechos en cartón. En ellos, los niveles de dioxinas se mostraron como seguros.
De acuerdo lo que afirma la U.S. Environmental Protection Agency (la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos), las dioxinas pueden ser tanto naturales como artificiales.
Las hechas por el hombre, son liberadas a la atmósfera desde fuentes como la quema de basura, o de distintos tipos de combustibles como madera, carbón o petróleo, y también por ciertos tipos de procesos químicos.
Todas las personas han sido expuestas a estos niveles bajos de dioxinas, y ello seguirá ocurriendo, sin que haya indicios de problemas de salud. Si esos niveles aumentan, entonces podrían tener relación con algunos trastornos conocidos, aunque los estudios sobre esto último sólo se han hecho con animales.
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Referencias
[1] Norma ASTM D 638
[2] Norma ASTM D 2240
[3] A. Ariosti. “Aptitud sanitaria de botellas de PET retornables para bebidas gaseosas”. En: “Migración de componentes y residuos de envases en contacto con alimentos”, R. Catalá y R. Gavara, eds. Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos, Valencia, España, 2002, págs. 233-247.
Para el mundo de los microorganismos es fundamental el requerimiento de calor. Ya que cierta cantidad de calor favorece su crecimiento y reproducción, mientras que otra cantidad de calor favorece su eliminación.
En la industria farmacéutica es de interés primordial tanto la reproducción como la eliminación de microorganismos, es ahí donde radica la importancia del control de los procesos térmicos. La termodinámica es la herramienta mediante la cual podemos diseñar y controlar los equipos mediante los cuales los microorganismos pueden reproducirse o eliminarse según diversos requisitos de calidad.
El calor es un concepto complejo, por lo que el hombre trato de transformarlo en una variable de mayor simplicidad de manejo; encontrando la siguiente ecuación:
Q = m Cp dT
Donde Q = calor.
m = masa
Cp = capacidad calorífica del material.
dT = diferencia de temperatura.
De la ecuación anterior la variable que podemos controlar fácilmente es la temperatura; entonces la problemática para reproducir o eliminar microorganismos se reduce a controlar la temperatura. Esto conlleva a diseñar equipos adecuados a las necesidades que tengamos, por ejemplo:
Proceso Farmacéutico
Temperatura a controlar
Tiempo requerido
Equipo
Resultado trabajando con microorganismos
Refrigeración
2.0 a 8.0 ºC
Depende de PNO y tipo microorganismo
Refrigeradores, congeladores
Conservación de la vida del microorganismo.
Incubación
Desde 25.0 a 50.0 ºC
Depende del microorganismo y los nutrientes
Estufas de Incubación
Reproducción de microorganismos
Esterilización
Mínima 121.0 ºC
Tiempo mínimo 15 minutos y /o alcanzar un Fo =12
Autoclaves, hornos
Eliminación de microorganismos, con determinados nutrientes.
Despirogenización
Mínima 250.0 ºC
Tiempo Mínimo 1 hora y/o alcanzar un Fp = 12
Hornos
Eliminación de los desechos de los microorganismos.
A través del tiempo, cualquier equipo térmico va a presentar desgaste y desviaciones con respecto a su diseño original, lo que puede ser riesgoso en una industria tan delicada como la farmacéutica; debido a que se ocupa de elaborar medicamentos y fármacos para el consumo humano, por lo que no se puede dar el lujo de descuidar que el desempeño de sus equipos sea el optimo y necesario.
Es en un afán de resolver esta problemática como nace la validación de procesos, que mediante estudios periódicos (de seis meses a un año), se garantiza que el comportamiento térmico de los equipos es el adecuado para reproducir o eliminar microorganismos en los procesos farmacéuticos.
Pescado fresco o ultracongelado, leche fresca del día o condensada, atún en aceite... Gracias a los sistemas de conservación de alimentos empleados hoy día, las posibilidades para realizar la compra y llenar nuestra despensa o frigorífico se han ampliado, ya que el deterioro de los productos es un proceso cada vez más controlado. El interés sobre el mejor modo de conservar los alimentos para disponer de ellos en épocas de carestía o cuando éstos no se podían producir se remonta muy atrás en el tiempo. Fruto de esa búsqueda han surgido el secado al sol y al aire, la salazón, el escabeche, las fresqueras… La mayoría de los alimentos que consumimos han sido manipulados o transformados antes de llegar a nuestra mesa, ya que, en general, la vida útil de los productos frescos es muy limitada si no se les aplica un sistema adecuado de conservación.
Numerosos factores intervienen en la pérdida de la calidad original de un alimento o en su deterioro: la exposición a la luz solar (influye en la pérdida de vitaminas y en el enranciamiento de las grasas), el contacto con el oxígeno del aire (provoca las mismas pérdidas y alteraciones la exposición solar), la temperatura (puede destruir, inactivar o hacer que se reproduzcan rápidamente los gérmenes), el grado de humedad (favorece o impide el desarrollo bacteriano y el enmohecimiento) y de acidez (permite minimizar la pérdida de ciertas vitaminas).
Métodos tradicionales de conservación
La salazón (en seco o salmuera), el ahumado (en frío o caliente), la desecación o la deshidratación disminuyen el contenido de agua de los alimentos. Así, las frutas, legumbres y pastas alimenticias secas, y los embutidos o el bacalao en salazón duran mucho más que el mismo alimento en estado fresco. Esto se debe a que la cantidad de agua del alimento se reduce hasta tal punto que los gérmenes quedan inactivos o mueren. También impiden el desarrollo de gérmenes la adición de sal y el humo (los componentes del ahumado poseen un efecto bactericida). La fermentación es igualmente un método tradicional que favorece la conservación de alimentos: los quesos curados se conservan más tiempo que los frescos, cuya vida útil es mucho más limitada debido a su mayor contenido de agua (4-5 días en la nevera desde la fecha de elaboración). Asimismo, el azúcar también se emplea, incluso hoy, como antiséptico en conservas en almíbar, leche condensada y mermeladas.
Conservación mediante calor
El calor destruye la mayoría de gérmenes o de sus formas de resistencia (esporas), aunque la temperatura a aplicar varía según se trate de bacterias, virus, levaduras o mohos.
Ebullición (100ºC): los gérmenes se destruyen si se mantiene la cocción más de cinco minutos, pero no se eliminan las esporas. Hay pérdidas nutritivas, especialmente de vitamina C (sensible al calor), y en menor proporción de vitamina B1 o tiamina.
Escaldado en agua hirviendo : se emplea como paso previo para congelar algunos vegetales y mejorar su conservación. Una vez limpias, las verduras se sumergen unos minutos en agua hirviendo, lo que inactiva las enzimas (sustancias presentes de forma natural en los vegetales y responsables de su deterioro). Después de enfriarlas se envasan en bolsas especiales para congelados, se envasan al vacío y se les anota la fecha de entrada en el congelador para controlar su tiempo de conservación. No se producen pérdidas nutritivas.
Pasteurización (temperaturas que rondan los 80ºC): la aplicación de calor durante un tiempo (que varía de un alimento a otro) inactiva los gérmenes capaces de provocar enfermedad, pero no sus esporas. Por ello, el alimento deber ser refrigerado para evitar el crecimiento de los gérmenes que no se han podido eliminar. Así, la leche pasteurizada o fresca del día ha de conservarse en el frigorífico y, una vez abierto el envase, debe consumirse en un plazo máximo de 3-4 días. No hay pérdidas importantes de nutrientes.
Esterilización (temperatura superior a los 100ºC): libera los alimentos de gérmenes y esporas. Se aplica en el producto una temperatura que ronda los 115 grados. Se pierden vitaminas hidrosolubles (grupo B y vitamina C) en mayor o menor cantidad, según la duración del tratamiento de calor. Puede originar cambios en el sabor y el color original del alimento (la leche esterilizada es ligeramente amarillenta y con cierto sabor a tostado).
Ultrapasteurización o U.H.T. (temperatura alrededor de los 140ºC): el sistema de esterilización más moderno. Se aplican 140 grados o más, generalmente por medio de vapor, durante muy pocos segundos. El alimento queda totalmente esterilizado y la pérdida nutritiva es inferior que en la esterilización tradicional. No hay cambios de sabor o color.
Los productos esterilizados y ultrapasteurizados no precisan ser conservados en frío una vez envasados. Sin embargo, abierto el envase, los alimentos deben conservarse a temperaturas de refrigeración (0-5ºC) por un tiempo limitado que dependerá del producto.
Conservación mediante frío
Aumenta la vida útil de los alimentos y detiene o reduce la velocidad de crecimiento de gérmenes; sin embargo, no los mata, sólo los duerme.
Refrigeración: los alimentos se mantienen entre 0 y 8 grados, según la zona del refrigerador.
Congelación: se aplican temperaturas inferiores a 0 grados y parte del agua del alimento se convierte en hielo. Cuando el producto se descongela, los gérmenes pueden volver a reproducirse, por ello conviene una manipulación higiénica y un consumo rápido del alimento. Es importante efectuar la congelación en el menor tiempo y a la temperatura más baja posible, para que la calidad del producto no se vea afectada. La temperatura óptima de conservación de los productos congelados en casa es de -18 grados o inferiores.
Ultracongelación: se desciende rápidamente la temperatura del alimento mediante aire frío, contacto con placas frías, inmersión en líquidos a muy baja temperatura, etc. La congelación y ultracongelación son los métodos de conservación que menos alteraciones provocan en el producto.
Liofilización: se elimina el agua de un alimento congelado aplicando sistemas de vacío. El hielo, al vacío y a temperatura inferior a -30 grados, pasa del estado sólido al gaseoso sin pasar por el estado líquido. Es la técnica que menos afecta al valor nutricional del alimento. El inconveniente es su elevado coste, por lo que generalmente se aplica sólo en el café o descafeinado solubles (granulados) y en productos como leches infantiles.
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