El año pasado TV Azteca y Televisa perdieron a dos de sus grandes anunciantes: las empresas tabacaleras. Ello en función de nuevas regulaciones que introdujo la Ssa, que capitanea Julio Frenk.
Philip Morris, que preside Luis Guillermo Gaviria, y British American Tobbaco, que comanda Richard Sucre, literalmente desaparecieron de la pantalla chica, toda vez que se le cerró la televisión abierta como medio para publicitarse. Se estima que las huestes de Ricardo Salinas y Emilio Azcárraga dejaron de ingresar aproximadamente cien mdd. La decisión no crea que fue fácil para Salud. Ya se imaginará la resistencia de dos gigantes.
No crea que el asunto está totalmente zanjado. En el gobierno federal se está muy consciente del sacrificio que asumieron Azteca y Televisa. Vamos, hasta hay sectores que sienten estar en deuda con ambos. De ahí que los nuevos esfuerzos tendientes a regular las publicidades de la industria de bebidas alcohólicas y del sector farmacéutico se adopten con mucho cuidado, pues lo que menos se quiere es volver a impactar a las televisoras.
Nos referimos a los medicamentos de la llamada clase 4, donde están fundamentalmente la mayoría de los antibióticos, antihipertensivos e hipoglucemiantes y que para venderse se requiere de la receta médica. Donde se ilustra con mayor claridad esta problemática es en las medicinas para atacar la disfunción eréctil. Por ejemplo, Cialis de Eli Lilly, que lleva Enrique A. Conterno, y Viagra de Pfizer, de Jorge Bracero, nunca pueden mencionarse.
Hasta donde sabemos, Salud está en la mejor disposición de que los laboratorios echen mano de ese nuevo formato. El problema es que los actores no logran ponerse de acuerdo en lo que quieren. Al interior de la AMIIF, que comanda Víctor Manuel Migueles, y en la Canifarma, que lidera Erick Hagfater, las posiciones están encontradas porque hay farmacéuticas que quieren la publicidad y otras no.
El equipo de Frenk también ha tenido acercamientos con la CIRT, que preside Jorge Mendoza. Como se imaginará, en los medios electrónicos se le da la bienvenida a la incorporación de las farmacéuticas. Sin embargo entre ellas no hay acuerdo. Así que la última palabra la tienen precisamente los laboratorios.