El referéndum, un duro revés para los líderes más radicales de Bolivia
  Fuente: La nación (Venezuela)
Los dirigentes indígenas y sindicales salieron debilitados
• Habían convocado a boicotear la votación
• Algunos evalúan ahora nuevas estrategias y suavizan sus discursos
• Según los analistas, la gente ahora apostó por la paz
Mamerto Rivera Rojas y Adelia Jiménez Martínez, indígenas tacana de 79 años, ahorraron 25 bolivianos (unos tres dólares) para que, el domingo pasado, un motociclista los llevara al centro de votación más cercano a su casa en el campo de Riberalta, en las tierras húmedas y bajas del sur de Bolivia.
En su lengua pidieron ayuda al presidente de mesa para marcar las boletas -ambos son analfabetos y Adelia es ciega-, luego se sentaron unos minutos a descansar y preguntaron si debían participar en algo más.
Historias como éstas han circulado de a miles desde el día del referéndum, cuando bolivianos de todas las etnias, clases sociales e ideologías acudieron en masa a las urnas para definir una nueva política energética nacional.
Una abrumadora mayoría respaldó las propuestas del presidente Carlos Mesa para fortalecer el papel del Estado en el sector de los hidrocarburos y en las exportaciones de gas y desoyó así los llamados a la abstención y el sabotaje lanzados por los líderes indígenas más radicales.
Muchos de esos dirigentes, que exigen la expropiación de las petroleras extranjeras, fueron los que en octubre del año pasado encabezaron las sangrientas protestas que derrocaron al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Pero esta vez sus arengas encendidas no encontraron eco en una población más ansiosa por apostar a la democracia que a un nuevo estallido popular.
"Los radicales seguirán buscando cualquier pretexto para salir a las calles, pero definitivamente han perdido predicamento. El 90% de los bolivianos tenía miedo a la reedición de la violencia de octubre; quiere vivir en paz y en democracia", comentó a LA NACION el politólogo Carlos Torzano, investigador del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales. Torzano subrayó también que la cultura política boliviana convive hoy entre dos códigos: el de largo plazo, que ha marcado el último siglo con sangre, protestas y golpes, y el de más corto plazo, que nació junto a una incipiente democracia, hace 22 años. "Los malos hábitos tardan en desaparecer, pero hay señales de una nueva cultura democrática", aseguró, esperanzado.
Tras la falta de adhesión a sus proclamas y el escarnio popular que sufrió el domingo, la mayoría de los dirigentes más combativos se refugió en el ostracismo (están evaluando "nuevas estrategias de lucha", dicen sus voceros), algunos suavizaron sus discursos y otros reiteraron su mensaje de amenaza e intimidación. Entre éstos está Roberto De la Cruz, dirigente de la Central Obrera Boliviana (COR) de El Alto (cuna de las protestas de octubre), y el único que contestó las llamadas de LA NACION.
Concientización
"La gente fue engañada y estafada el domingo. De ahora en adelante me van a ver perdido porque voy a ir comunidad por comunidad, provincia por provincia, para desatar una «revolución de concientización» en las bases campesinas", martilló.
Por su parte, el sociólogo y director general del Centro de Estudios Superiores Universitarios, Fernando Mayorga, señaló a LA NACION que "hay varias causas para explicar el debilitamiento de estos movimientos intransigentes". Según explicó, esta miríada de grupos opositores nunca actuó como coalición; a esto hay que sumar el hecho de que el Movimiento al Socialismo (MAS, del dirigente cocalero Evo Morales y el único partido relevante con arraigo social) optó por apoyar el referéndum de Mesa, lo que terminó de fracturar al sector y amortiguar la protesta.
"Además, la demanda de octubre había sido convocar al referéndum. Pero una vez convocado, los líderes sindicales cambiaron su discurso y comenzaron a exigir la nacionalización de los recursos naturales. No supieron interpretar el reclamo ciudadano -continuó Mayorga-. De todos modos, los síntomas de desgaste de los grupos radicales se remontan a varios meses atrás. Por ejemplo, la Central Obrera Boliviana llamó en abril a una huelga indefinida contra el referéndum que fue un rotundo fracaso."
A esto hay que agregar, destacó, que la población no sólo estaba cansada de la violencia, sino que además encontró en el referéndum una propuesta centrista y económicamente sensata: un equilibrio entre la nacionalización radical, que exigen los sectores más rabiosos, y el neoliberalismo ortodoxo, que aboga por no tocar nada y dejar las cosas como están. "El referéndum mitigó la polarización de la sociedad y encauzó institucionalmente la participación. Ahora, a lo único que pueden apuntar los más radicales es a presionar al MAS para que se corra hacia la izquierda. Si el MAS abandona su actual posición de moderación, puede caerse todo", opinó Mayorga.
Cuando se le preguntó qué posibilidades reales existen de que esto ocurra, respondió: "Aún hay mucho margen de incertidumbre; depende de los aciertos y desaciertos de los actores. Pero esto es Bolivia. Nunca se sabe