Millares de becerros ingleses, exportados en plena epidemia de vaca loca,
terminaron en entre 1993 y 1995 en el
Norte de Italia, probablemente en los campos alrededor de las ciudades de
Mantua y
Verona. La venta a ganaderos italianos fue por
medio de dos
importadores del Norte de
Francia, que "naturalizaron" como franceses 19 mil becerros británicos exportándolos más fácilmente a Italia y España. El
fraude fue uno de las más difundidos y bastó con falsificar los sellos de reconocimiento en la oreja del animal y soldar otro para el de la procedencia.