Conocida desde hace milenios, en algunas familias pasa de una generación a otra, como si fuera una maldición. Se presenta una o dos veces al mes, y una vez instalada, sólo se queda unas horas, pero ese corto plazo obliga a permanecer en la penumbra y en silencio para mitigar el dolor. Se trata de la migraña, un desorden neurovascular que afecta a cerca de 16% de los mexicanos al punto que se constituye en la primera causa de inasistencia laboral, causando pérdidas del orden de 770 mdd al año.
Carlos Villalón Herrera, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, aseveró que la migraña es un síndrome de los vasos sanguíneos cerebrales en el que dichos vasos se dilatan tras dos eventos importantes en el plasma de la sangre: se bajan los niveles de agentes vasoconstrictores, como la serotonina, y en constraste se aumentan los niveles de agentes vasodilatadores, sobre todo el péptido asociado al gen de la calcitonina (CRP, por sus siglas en inglés).
El investigador, adscrito al Departamento de Farmacología del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN , determinó que hasta el momento los tratamientos más eficaces en contra de la migraña implican suministrar fármacos llamados triptanos, que imitan el efecto vasoconstrictor de la serotonina en los vasos sanguíneos extracraneales.
Ante ese problema, Villalón Herrera, quien encabeza a un grupo de científicos mexicanos y colabora con investigadores del Departamento de Farmacología de la Universidad Erasmo, en Rotterdam, Holanda, lleva años buscando desarrollar fármacos antimigrañosos más selectivos y carentes de las propiedades vasoconstrictoras de los triptanos. El investigador comentó que a partir de lo que se conoce de la migraña y sus dolores, se formuló la hipótesis de que podría desarrollarse un agente antimigrañoso para buscar un antagonista selectivo de los receptores estimulados por el CGRP. Fue así como logró producirse un fármaco que lleva el nombre clave de BIBN4096BS. (Redacción)