Poco después de divorciarse,
Liliana de Quintana se dio cuenta de que su empresa no iba a ninguna parte. Rediseñó el producto (artículos sanitarios) y hoy D''Accord factura 2 millones de dólares al año, pese a la crisis. Pero aún así no puede exportar ni crecer. "Estoy perdiendo oportunidades, no tengo acceso al crédito porque el único préstamo al que puede acceder una PyME es el descubierto en el banco donde cobran tasas usurarias", señaló. Quintana descubrió que había otras mujeres a cargo de empresas familiares con los mismos problemas.
Lorena Fig, de Consulting Group, Estela Pereyra de Higea Salud, Ernestina Cerro de la firma homónima, Estela Lancuba de Cimer, Alicia Lagier, de Phono Accion y con Carmen Di Rocco de las industrias carroceras Di Rocco. Ellas dicen no sentirse representadas por las entidades que defienden a las industrias y especialmente a las PyMEs y armaron su propia organización: la Asociación de Mujeres Empresarias y Ejecutivas.