Una de las empresas productoras de vacunas más grandes del mundo es GlaxoSmithKline, conocida en México por medicamentos como Azantac, Sudafed y Ventolín. GSK invierte en mucha investigación. Ayer por ejemplo, anunció importantes avances sobre un régimen terapéutico en contra de linfomas cancerígenos que aparecen en la sangre, en la médula ósea y en ciertos tejidos.
En México, GSK está dirigida por Oswaldo Gola, quien trae entre manos un proyecto interesante: donar la tecnología para producir una vacuna al gobierno mexicano. Se trata de la vacuna en contra del rotavirus, que cada año deshidrata y da muerte a mil niños mexicanos por la diarrea que les causa.
Un problema que enfrenta GSK es que México se encuentra con las manos un poco atadas, pues el gobierno dejó de producir vacunas cuando transfirió esa responsabilidad a particulares —cosa que estuvo bien hecha, pues no creo que el gobierno deba tener plantas para producir medicinas—.
Por ello, habrá que esperar cómo resuelven ese ligero detalle Julio Frenk y el subsecretario Roberto Tapia, así como saber qué ofrecerá el gobierno a cambio a GSK para agradecer el donativo.
No es cualquier cosa. Glaxo transferiría toda la investigación básica, los patrones de aislamiento del virus, la metodología para atenuarlo y la estructura química de la vacuna. El fármaco apenas va en la Fase III, la última etapa de investigación.