Veinte años después de que una explosión volara el techo de un reactor en la planta nuclear de Chernobyl, Ucrania, y destrozara con ello la reputación de esa industria, la energía nuclear -en palabras del primer ministro del Reino Unido (RU), Tony Blair- cobró venganza y está de vuelta.
Tras un análisis de seis meses sobre las necesidades energéticas de la quinta economía más grande del mundo, Blair tiene previsto anunciar hoy su respaldo a una cuantiosa y polémica inversión privada en una nueva generación de reactores nucleares. La decisión -impensable hasta hace tres años- podría cambiar las condiciones del debate internacional en este campo, al tiempo que todas las naciones industrializadas enfrentan la necesidad de satisfacer la creciente demanda de energía en un mundo incierto.
Aunque la idea en sí misma es atractiva, lo que verdaderamente llama la atención es la forma en que será implementada. Blair ha dejado en claro que espera que el mercado produzca plantas de generación de electricidad nucleares sin la cómoda protección de los subsidios. Para indignación de los ambientalistas, la industria será abierta a la competencia comercial plena.
La dimensión del viraje del gobierno del RU es extraordinaria. Su última revisión en materia energética, en 2003, planteó graves dudas sobre la viabilidad comercial de la energía nuclear. Los altos costos y la complejidad de las leyes de planeación británicas, aparentaban entonces haber eliminado la posibilidad de nuevas plantas.
Anticipándose a la cumbre esta semana del Grupo de los Ocho países industrializados en San Petesburgo, donde la seguridad energética estará en lo alto de la agenda, el anuncio de hoy tendrá entonces enormes repercusiones. Sin embargo, los inversionistas enfrentarán un considerable riesgo financiero, mayor al de otros países, que a su vez observarán la estrategia de RU con mucha más atención. Esto será visto como un cambio de dirección muy importante. La decisión de abrir la puerta a la competencia comercial desatará una discusión más amplia en toda Europa, señaló Daniel Yergin, presidente de Cambridge Energy Research Associates.
En conjunto, más de 20 plantas están ya bajo construcción a nivel global, principalmente en las economías hambrientas de energía de Asia. En Europa, un consorcio no lucrativo de los principales consumidores de energía de Finlandia está construyendo un reactor de agua presurizada avanzado en Olkiluoto. Se beneficiará de los contratos de abastecimiento a largo plazo que establecen por adelantado precios fijos por la electricidad generada. Como en todos los proyectos que se realizan en otras partes, esta ayuda financiera será crucial.
Para el gobierno, el principal argumento en contra de una nueva generación de plantas nucleares no era el temor de otro Chernobyl, ni el complicado asunto de qué hacer con los peligrosos desechos radioactivos, o ni siquiera el riesgo de un ataque terrorista. Ha sido la cuestión comercial.
Los altos costos de inversión inicial y la probable necesidad de ayuda estatal significaban que las nuevas plantas nucleares eran poco competitivas en comparación con la capacidad de generación eléctrica basada en el gas. El análisis de hoy pondrá este argumento de cabeza. Estudios internos de servidores civiles de varios departamentos, que contrastan con un análisis de la Oficina del Gabinete, muestran que la energía nuclear es tan competitiva como el gas, según ha trascendido. Los ministros esperan que el sector privado absorba los costos de construcción, operación y limpieza de plantas, así como el manejo de los desechos. La decis