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29-Agosto-2005
El sábado 26 de abril de 1986, a la 1:23 de la madrugada, una explosión despertó a los habitantes de Chernobil. La detonación causó el incendio de uno de los cuatro reactores de la planta nuclear y una serie adicional de estallidos se extendió al resto. A casi 20 años del desastre, cuatro mil científicos reunidos en Montreal, Canadá, confirmaron que la biodiversidad de las áreas afectadas por la contaminación radioactiva está floreciendo y es aún más abundante que antes del accidente. Nadie imaginó la dimensión de la catástrofe: personal de salud confirmó que en los siguientes 70 años se registraría entre la población, expuesta a la radiactividad, un aumento de 2% de casos de cáncer. Varios estudios encontraron que la incidencia de cáncer de tiroides entre niños de Bielorrusia, Rusia y Ucrania se incrementó a raíz del accidente. La Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), documentó 1,800 casos de cáncer de tiroides en niños que en ese momento tenían entre cero y 14 años de edad. A finales de 1995, la OMS relacionó con el accidente 700 casos, de ellos, diez fueron atribuidos directamente a la radiación. Después de debatir en torno al desastre de Chernobil, alrededor de cuatro mil científicos reunidos a mediados de agosto en la sede de la Sociedad Ecológica de América coinciden en que los ecosistemas de las áreas contaminadas por la radiación se han ido recuperando. En el año 2000, el último reactor de Chernobil, llamado Bloque 3, fue destruido, para la tranquilidad de la población y ya no queda ningún reactor trabajando. (Reportera: Andrea Rivera)
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