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05-Abril-2006
Un funcionario del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República se enteró de que yo había trabajado durante una época en el problema de la mala absorción de lactosa y me sugirió que escribiera sobre el tema, lo que me pareció una buena idea. La lactosa es el disacárido de la leche, que para absorberse en el intestino delgado tiene que ser digerido por una enzima, la lactasa, que la convierte en sus dos monosacáridos: glucosa y galactosa. Los recién nacidos tienen una concentración adecuada de lactasa en el intestino, que les permite manejar con facilidad la lactosa presente en la leche materna, pero después del destete empieza a disminuir paulatinamente su concentración de manera que en el adulto, en casi todos los mamíferos incluyendo a nuestra especie, se tiene sólo alrededor del 10% de la concentración presente al nacimiento. Por cierto que para este propósito, se es adulto a partir de los seis años y esto se llama deficiencia primaria de lactasa del tipo adulto (DPLTA), para distinguirla de: 1) una condición muy rara que es la deficiencia congénita de lactasa; y 2) la deficiencia secundaria de lactasa, consecutiva a diversos trastornos que afectan al intestino, incluyendo la desnutrición. La población mundial se puede dividir en este respecto en dos grupos: 1) aquellos en que entre el 60% y el 100% de la población son mal absorbedores de lactosa; y 2) en los que sólo entre el 2% y el 30% lo son. Los primeros son los más numerosos: en el medio oriente y zona mediterránea se incluyen árabes, griegos y judíos, además de los nacidos en el sur de Italia. La mayor parte de los grupos asiáticos tienen DPLTA con excepción de los habitantes de ciertas regiones de la India. Se puede incluir a la mayor parte de los pueblos africanos y a los amerindios de todo el continente, incluyendo a México. En el segundo grupo se encuentran los moradores del norte de Europa y algunos grupos de africanos, que tienen en común con los anteriores el que se han dedicado al pastoreo por varios miles de años y desde entonces consumen leche. La hipótesis es que, dado que la leche es un buen alimento, pudo haber actuado como agente selectivo a favor de quienes son capaces de consumir y aprovechar los lácteos, aumentando así su proporción de generación a generación. Aceptando que la leche es un buen alimento, puede afirmarse también que no es necesario su consumo después del destete. De hecho, los únicos mamíferos que toman leche son los humanos y los animales domésticos como los gatos. Se ha planteado el uso de leche en programas de reforzamiento nutricional, porque además de su valor alimenticio es fácil de usar y no demasiado cara, pero en esos casos deberá tomarse en cuenta que alrededor de 15% de los sujetos pueden experimentar síntomas de intolerancia gastrointestinal con la ingestión de un vaso de leche y deben tomarse medidas para evitarlo.
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