Cañoneadas a popa y estibor por dos frentes: el precio explosivo del gas natural y el alto costo en materia de derechos por extracción de agua, sus dos insumos estelares, las industrias de celulosa y papel están pidiendo un SOS al gobierno federal para mantener a flote su competitividad.
El grito de auxilio plantea dos tipos de ayuda: la modificación de la fracción V de la Ley Federal de Derechos, y la retabulación del esquema que permite la posibilidad de depreciación en materia de maquinaria y equipos.
En el primer caso la propuesta de la Cámara Nacional de las Industrias de Celulosa y Papel plantea una adición simple al ordenamiento, que permita un mayor porcentaje de descuento en el costo del líquido cuando las empresas del ramo realicen inversiones para ofrecer mayor calidad en el tratamiento de aguas residuales.
El parámetro sería superar la Norma Oficial Mexicana expedida en 1996, generando, de pasadita, un boom de plantas tratadoras.
La propuesta concreta habla de elevar del 12 al 50% el monto del descuento en el caso de ríos con uso público urbano; de 18 a 75 cuando la calidad del agua sea inferior, y del 32 al cien cuando esté por abajo a lo previsto en la norma.
El caso es que el impacto del precio del agua en el costo de producción de las industrias alcanza el 5% con la novedad de que en países con los que México ha celebrado Tratados de Libre Comercio el cargo no existe. Estos son Chile, Canadá y EU.
Desde otro ángulo, la propuesta de los industriales del ramo en el que participan 64 plantas productoras diseminadas en 19 entidades federativas, habla de permitirles un escenario más equitativo en materia de depreciación de maquinaria y equipos para efectos fiscales,.
La oferta de los fabricantes de papel y celulosa a cambio del pial, habla de multiplicar sus inversiones, en un horizonte en que en Rusia la empresa Stora Enso constituye una planta de celulosa con capacidad para un millón de toneladas, con una inversión de 1,200 mdd, en tanto en Chile y Uruguay las compañías Celulosa Arauco y Mesta-Bosnia hacen apuestas idénticas, mientras Internacional Paper siembra en Brasil otra por 1,300.
El potencial es enorme, si se considera que el consumo per cápita de papel en México es de 55 kilos al año, en tanto en Canadá alcanza 250, y en EU 313.
Lo cierto es que a contrapelo de la desaparición de la Unidades de Explotación Forestal decretada por el gobierno echeverrista, que le garantizaban el acceso a la madera a la industria de la celulosa, ésta se ha mantenido como detonador de desarrollo social en zonas rurales.
Naturalmente, el beneficio se multiplicaría al infinito si el gobierno permitiera el desarrollo de plantaciones federales que con tanto éxito han emprendido países como Brasil, Indonesia, Malasia y China.
Hoy la producción nacional representa apenas el 10% de la chilena y el tres de la brasileña, en un escenario en que las importaciones de papel han saltado entre 1995 y el año pasado del 18% del consumo aparente, al 51.4.
Si hace nueve años se compraban del exterior 584,100 toneladas, el año pasado se llegó a un millón 860 mil. De exportadores a importadores.