Millones de mexicanos lo ven como inútil, una imitación servil de EU, una molestia que trastorna sus relojes biológicos y hasta su vida sexual. No importa que el presidente Bush vaya de visita o que un sanguinario narcotraficante se haya escapado de prisión en un camión de lavandería.
Uno de los tópicos más candentes en México esta semana es el horario de verano. Andrés Manuel López Obrador aprovecha esos sentimientos y ha hecho suya la causa, parcialmente porque es un buen tema de política populista y parcialmente para llevarle la contra a un hombre que se está convirtiendo rápidamente en su archirrival: el presidente Vicente Fox.
una forma para ahorrar electricidad y sincronizar a México con el comercio internacional y los mercados financieros. Sin embargo, ofrece reducirlo de siete a cinco meses.
López Obrador quiere eliminarlo por completo y amenaza con conservar a la ciudad de México y a sus 20 millones de residentes en un horario diferente al del resto del país, lo que crearía una distorsión que pondría a los suburbios de la ciudad una hora adelante del centro, estropeando todo, desde horarios de autobuses hasta programas de televisión.
Guadalupe Loaeza, una prominente crítica social que cree que López Obrador conduce una guerra política "infantil" e "improductiva" contra Fox.
desfoga las frustraciones de su partido --el PRD-- generadas tras su mal desempeño en las elecciones nacionales del año pasado y que trata de retratar a Fox como un líder que ignora la voluntad del pueblo, quizá para posicionarse en la contienda por la presidencia para el 2006.