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01-Diciembre-2004
Una nueva disputa por los cultivos genéticamente modificados (CGM) comenzó el pasado lunes en Gran Bretaña después de que un estudio respaldado por el gobierno y la industria biotecnológica no halló evidencia de que los transgénicos afecten al medioambiente. El proyecto -centrado en cómo variedades de remolacha y colza, cuyos genes se combinan para resistir los herbicidas, se comportaban en comparación con cultivos no modificados genéticamente- halló que esta tecnología podría ayudar a los agricultores a ahorrar dinero. El estudio de cuatro años, financiado en parte por el gobierno, pero que también contó con la colaboración del sector de biotecnología, enfureció a grupos ecologistas que inmediatamente acusaron a los autores del estudio de dar a conocer resultados parcializados. La industria biotecnológica proporcionó a los investigadores semillas de CGM y algunos herbicidas. "Nuestra investigación indica que no hubo diferencia a largo plazo en cuanto a las yerbas malas en zonas donde se utilizaron cultivos genéticamente modificados y los que no eran tales", dijo Jeremy Sweet, quien coordinó el estudio y agregó que además de sembrar cultivos que toleran herbicidas podrían brindar a los granjeros flexibilidad para sembrar otras semillas. Sin embargo, el estudio demostró que en un caso de cultivo de colza, una gran cantidad de semillas permanecieron en el campo durante más tiempo después de la cosecha, creando un problema para los sembrados posteriormente. Los opositores a los cultivos GM sostienen que la manipulación de los mismos podría afectar las semillas, incidir en el número de insectos y conducir a la creación de "súpersemillas" capaces de resistir hasta los peores pesticidas antiyerba mala. El proyecto de cuatro años, llamado Botanical and Rotational Implications of GM Herbicide Tolerance, fue realizado por investigadores independientes. (Agencia: Reuters)
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