La recomendación de todos los médicos y expertos en salud de beber más de dos litros de agua al día “no conlleva una mejora en la salud”, tal y como declara Ángel Concepción Clemente, jefe del servicio de Cardiología de USP Hospital La Colina, de España, quien advierte que beber agua en exceso puede desencadenar un deterioro del corazón con la consiguiente repercusión en arritmias, independientemente de si se es o no enfermo del corazón.
Sin embargo, lo que sí aconseja este especialista en cardiología es ingerir líquidos que suplementen las pérdidas de la transpiración, más acusada en verano, para mantener nuestro organismo adecuadamente hidratado. Por consecuente, el agua debe tomarse en una cantidad suficiente para no tener sed, no para saciarnos.
El exceso de agua en el organismo contribuye a que los minerales como el potasio, sodio y magnesio se diluyan rápidamente en el torrente sanguíneo, causando cansancio, calambres e incluso pérdida de agilidad mental, explica Concepción Clemente
Cuando la sangre tiene niveles bajos de sodio, el funcionamiento cerebral se compromete seriamente. Uno de los principales síntomas son el vómito, dolor de cabeza, convulsiones, parálisis. Los riesgos más severos pueden ser la alteración en el funcionamiento de los riñones y la pérdida del equilibrio de los fluidos internos de la sangre, apuntó el experto.
El potasio es un mineral que también se elimina a través de la orina por lo que la ausencia de este causa que el corazón pierda su ritmo y la persona puede sufrir un paro cardiaco. Otra afectación se manifiesta a nivel muscular ya que al disminuir el número de impulsos nerviosos aparecen calambres ocasionando fatiga a la persona.
El consumo de agua para una persona normal, sedentaria es de un litro y medio, máximo dos, sin embargo, los maratonistas, boxeadores o gimnastas requieren entre seis y diez litros diarios, dependiendo de su actividad física.
Respecto de los efectos adversos del calor en pacientes con cardiopatías, la temperatura elevada provoca alteraciones hemodinámicas, como presión arterial, frecuencia cardiaca o dilataciones vasculares. Esto se debe a la vasodilatación provocada por el calor, además de la mayor pérdida de líquidos por la transpiración excesiva que puede desencadenar una bajada de tensión por partida doble.