Los grupos industriales alemanes BASF, Cognis e Eastman, los holandeses Cargill Dow y Rodenburg Bipolymers, y el italiano Novamont han presentado a la Comisión Europea una iniciativa voluntaria para el fomento de los bioplásticos, un proyecto en diez años que incluye la certificación de los nuevos polímeros biodegradables y compostables que estas empresas puedan fabricar, y la presentación de informes bienales de progreso.
Estas empresas, que representan más del 90 por ciento del mercado europeo del plástico, pretenden establecer una serie de estándares de producción de polímeros que garanticen su mínimo impacto medioambiental, en una doble dimensión: la utilización de materias primas biodegradables en lugar de fósiles, y el posterior compostaje una vez finalice la vida útil del producto.
Estas compañías consideran que la utilización de materias primas renovables "tiene el potencial de conseguir una contribución directa y significativa al desarrollo sostenible", uno de los objetivos de la UE. Al no existir, por el momento, ninguna norma legal europea en este área, apuntan que el compromiso de la industria supondría una medida pro-activa muy positiva.
Los polímeros biodegradables y compostables pueden se producidos a base de maíz, patata, trigo y demás fuentes de carbohidratos, lo que permitiría de paso reducir las emisiones de dióxido de carbono derivadas de la utilización de recursos fósiles, como el petróleo, así como proporcionar recursos adicionales al sector agrícola.
Entre los beneficios de esta iniciativa, las empresas mencionan el alivio de los problemas de reciclado, la mayor seguridad para los consumidores, el impulso a la I+D en sector del plástico, la mejora de la calidad del agua y el suelo, el intercambio de buenas prácticas en la industria, la creación de empleos cualificados o el refuerzo de la competitividad.
Los mayores beneficios se producirán en el sector del empaquetado, que en Europa consume cerca del 38 por ciento del plástico fabricado. También son segmentos de interés, según la propuesta, los fabricantes de bolsas de plástico, de productos para catering (platos, vasos, cubiertos), la agricultura (tiestos, etc) y la higiene (envases).
Los nuevos productos deberán cumplir los requisitos de la norma EN 13432 (derivados de la Directiva de Residuos de Empaquetado de 1994): biodegradación de al menos un 90 por ciento comparado con la celulosa en 180 días en condiciones de compostaje controlado, desintegración al 90 por ciento en tres meses y ausencia de sustancias químicas tóxicas.
Además, en virtud de este compromiso, las empresas someterán sus productos a la certificación de la organización alemana independiente Din Certco, que realizará pruebas de la biodegradabilidad de los nuevos materiales. Tras la revisión, los bioplásticos serán reconocidos con una etiqueta específica, y las empresas deberán informar de sus progresos a la Comisión Europea cada dos años.
Este proyecto será gestionado por la Asociación Internacional de Polímeros Biodegradables y Grupos de Trabajo (IBWA), que reúne a los principales fabricantes de bioplásticos e institutos de investigación. También coopera la Asociación Europea de Materias Primas Renovables (ERRWA).
La propuesta de compromiso cubre un periodo de diez años, plazo en el cual los fabricantes consideran que los bioplásticos ya se habrán consolidado en el mercado.