Las principales compañías petroleras estadounidenses defendieron hoy ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado de Estados Unidos la legitimidad de las fuertes ganancias reflejadas en los balances del último trimestre de sus empresas. Para muchos analistas estas ganancias son inauditas, considerando haberlas obtenido durante un momento de crisis energética marcada por los efectos de los desastres naturales en la costa estadounidense del Golfo.
Es así como las principales empresas petroleras de los Estados Unidos enfrentaron al Senado Norteamericano en una audiencia donde los legisladores demandaban conocer cuándo bajarían sus precios. La audiencia fue llevada a cabo debido a los resultados recientes que señalaban más de 30 mil millones de dólares de utilidades combinados de estas empresas.
Aunque no se tienen claras las posibles repercusiones de la audiencia, se especulaba que podría llevar a nuevas legislaciones sobre energía, o simplemente sería un medio para que los republicanos y los demócratas aseguren a los votantes su preocupación acerca de los altos precios.
Entre los testimonios en la audiencia estuvo el de Lee Raymond, el presidente ejecutivo de Exxon Mobil Corp. , empresa que obtuvo las mayores ganancias de la historia, de 9900 millones de dólares, sobre ingresos de 100 mil millones, en el tercer trimestre.
Raymond explicó que los programas de inversiones de la empresa podrían no cambiar al ritmo de los precios de las materias primas si lo que tiene que hacer es satisfacer es cubrir la creciente demanda de energía. También advirtió de que cualquier castigo sobre las empresas petroleras podría perjudicar aún más a las inversiones en la producción doméstica de petróleo.
También testificaron sus los directores de Chevron Corp., ConocoPhillips y las unidades estadounidenses de BP Plc y Royal Dutch Shell Plc.
Dave O'Reilly, Director Ejecutivo de Chevron Corp. señaló que el enfoque de la política energética estadounidense sobre el medio ambiente y nuevas especificaciones acerca del combustible han dañado históricamente los esfuerzos por incrementar la capacidad de refinación del país. Señaló que "Desde una perspectiva de la política energética de Estados Unidos, el enfoque ha sido sobre las inversiones en el medio ambiente y los combustibles, no sobre las inversiones que aumenten la capacidad de producción". O'Reilly dijo también que las políticas energéticas estadounidenses habían dañado el desarrollo de las fuentes de energía nacionales.