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28-Octubre-2005
Una fotografía general sobre los efectos del huracán Wilma en el Caribe mexicano muestra al menos un millón de damnificados, la destrucción de la infraestructura hotelera en Cancún, Playa del Carmen, Puerto Morelos, Isla Mujeres y Cozumel. Tal ha sido la magnitud de este fenómeno que el gobernador de Quintana Roo ha calificado los daños como el peor desastre en la historia de la entidad. En el recuento de los daños, debe subrayarse que las estimaciones preliminares de los daños ocasionados por el huracán Wilma en Quintana Roo son de aproximadamente 865 mil hectáreas afectadas en cinco municipios. También deben destacarse los daños a la infraestructura del estado, en especial a la red de agua potable. En el sector agropecuario, el huracán provocó severos daños en áreas reforestadas, a proyectos de ecoturismo, a plantaciones forestales comerciales y aun en las propias instalaciones de la Comisión Nacional Forestal. En el caso de Yucatán, en el sector agropecuario y a excepción de las zonas cercanas a la costa, la afectación a la vegetación forestal se podría considerar como mínima; empero, se estiman daños en selvas medianas, bajas, acahuales y manglares, principalmente. En el caso de Quintana Roo, el presidente ha señalado que “no hay problema” para resarcir los daños ocasionados por el huracán, anunciando que se canalizarán 25 mil mdp “para volver a hacer que Quintana Roo uno de los principales centros turísticos del país”. A la par, el gobierno federal aceptó la propuesta de los representantes de la industria turística de Cancún para gestionar un crédito de 500 mdd con el BID y reconstruir la zona hotelera en dos meses. En esos tres estados de la república, la Ssa, el Ejército mexicano y la Armada de México han asumido el enorme desafió de reconstruir, de estar con las familias, de trabajar en las condiciones más difíciles, u si algo han demostrado estas instituciones es capacidad de respuesta, disciplina, verticalidad y conocimiento de campo. El problema no radica en el perfeccionamiento del desempeño institucional, en la calidad y menos aún en la cultura del servicio; el problema está en otra parte, y es la concepción de política social que se mantiene en la presente administración. El desafío de la política social está en su propio diseño, en su propia concepción y, por tanto, en los instrumentos en los cuales descansa, comenzando por la confusión existente entre política asistencial, y políticas y programas de desarrollo social.
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