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28-Diciembre-2004
Durante milenios, los agricultores han luchado contra insectos, microorganismos y malas hierbas que destruían o debilitaban sus cosechas, que amenazaban a sus familias con morir de hambre. Los agricultores modernos emplean otras técnicas para intentar eliminar las plagas como, por ejemplo, fumigar con herbicidas y pesticidas o arar la tierra para matar las malas hierbas. Algunos de los métodos más recientes, sin embargo, presentan inconvenientes y costos considerables. Gracias a recientes avances en el campo de la ingeniería genética, o bioingeniería agrícola, los agricultores comienzan a disponer de semillas de cultivo dotadas genéticamente no sólo con resistencia a los insectos, sino también a los herbicidas. Estas semillas de bioingeniería tienen el potencial de revolucionar la agricultura y mejorar la calidad del medio ambiente, al permitir reducir el uso de pesticidas y el arado. Las semillas de bioingeniería fueron el producto secundario de la curiosidad de investigadores anteriores por cuestiones tan básicas como, por ejemplo: ¿Cómo causan las bacterias los tumores en plantas? ¿Cómo protegen algunos virus a las plantas de otros virus? ¿Qué permite a algunas bacterias matar insectos? Uno de los retos a los que se enfrentaba la agricultura tradicional era al hecho de que normalmente sólo pueden cruzarse especies de plantas estrechamente emparentadas. Si no existe una variedad resistente de forma natural a un hongo o insecto determinado, los agricultores tradicionales no tienen ninguna forma de crear resistencia a esta plaga. La bioingeniería ha proporcionado a los agricultores una alternativa para controlar las malas hierbas. La solución, en parte obra de Ernest Jaworski, bioquímico de Monsanto, consiste en fumigar los campos con herbicidas de espectro amplio después de que los cultivos resistentes a herbicidas hayan brotado y echado raíces. El National Research Council, el Departamento de Agricultura de EU y la FDA han declarado que las plantas de cultivo modificadas genéticamente no suponen una amenaza mayor para la salud humana que las creadas con métodos más tradicionales. Por lo tanto, en este caso deberían utilizarse también las mismas limitaciones reguladoras que se aplican a la introducción de nuevas variedades de plantas de cultivo. (Reportero: Rigoberto Aranda)
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