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En tanto que metal, el CROMO DURO ofrece las siguientes ventajas:
Dureza: su dureza es considerable, se estima en unas 62-66
unidades Rockwell C (se trata de la dureza característica del propio
cromo, y no de la resistencia a la penetración o, mas simplemente, al
hundimiento).
Resistencia al desgaste: el cromo, muy resistente al desgaste,
sobrepasa en mucho a la mayoría de los aceros endurecidos elaborados
especialmente con tal objeto.
El cromo se opone a los efectos de erosión o cavitación provocados
por los fluidos, líquidos o gaseosos, animados de gran velocidad, como
también a los ataques de sustancias no metálicas, como los materiales
abrasivos.
Untuosidad de rozamiento: el cromo disfruta de una gran untuosidad de rozamiento, a reserva no obstante de su mal comportamiento en este aspecto con ciertas condiciones particulares sobre todo cuando se trabaja con rozamiento contra bronces muy fosfatados a velocidades y cargas elevadas, o aun contra él mismo, en cuyo caso los resultados son positivamente desastrosos.
Disminución del desgaste de la pieza afectada: aunque sólo fuera a causa del bajo coeficiente de rozamiento, el desgaste de la pieza disminuye netamente.
Disminución de las holguras: ya que el cromo se desgasta muy lentamente y la pieza que roza con él bastante menos que lo normal, la aparición de holguras en el sistema se presenta con notable retraso.
Aumento de velocidad: el bajo coeficiente de rozamiento del cromo, al reducir de forma sensible los calentamientos, permite en muchas circunstancias incrementar notablemente la velocidad de régimen.
Es evidente que de todo lo anterior se beneficia la producción y el rendimiento del mecanismo.
Compatibilidad con temperaturas elevedas: químicamente,
su oxidación sólo se inicia a los 800°C, temperatura que prácticamente
jamás se alcanza.
La dureza del cromo se mantiene hasta los 400 ó 500°C. Pero más
allá de este escalón, tiende a disminuir. Cae de 66 R C a 40/45
R C.
Resistencia a la corrosión: el cromo permanece insensible ante un elevado número de elementos agresivos, tanto orgánicos como inorgánicos. En particular la oxidación, contra la que siempre se buscan preventivos.
Repulsión a la suciedad y agarrotamiento: indiquemos, por último, que el cromo ofrece una propiedad particularmente ventajosa en ciertos casos. Por razones que estimamos pueden atribuirse también al elevado nivel de su campo o barrera de potencial periférica, no se deja engrasar o ensuciar, por el contrario más bien los repele.
Por ello no se ensucian, cuando están cromados, los utillajes de embutición o estirado que sirven para el modelado de metales como el cobre o el latón. No se adhieren a los revestimientos de cromo las materias plásticas en el transcurso de su desmoldeo.
Esta propiedad repulsiva pudiera justificar que el cromo se opone al agarrotamiento que con tanta frecuencia sigue a un engrase.
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24-Jul-2008 | |
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