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En una década, Yeruvá SA, de Esperanza, llegó al liderazgo entre las empresas que obtienen proteínas a partir de la sangre bovina. Ahora decidió ingresar al negocio de la biotecnología y lanza nuevos productos para incrementar su participación en los mercados externos.
Cuando en 1975 Juan Miguel Requena decidió fundar Yeruvá SA, con una inversión cercana a 1,5 millones de dólares, fue imputado de utópico. "Parecía difícil recolectar la sangre bovina de las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y el norte de Buenos Aires. Para ese entonces, nadie creía posible ir a buscar sangre a 600 kilómetros de distancia y regresar a la planta en Esperanza sin que se rompieran los glóbulos rojos".
Lo cuenta el mismo Requena, presidente de la compañía que actualmente lidera el mercado nacional en el procesamiento de sangre vacuna para la obtención de hemoglobina y plasma (proteína animal) a escala industrial.
Hoy la empresa procesa 3,5 millones de litros por mes, con capacidad instalada para llegar a los 5 millones de litros. El ejecutivo declinó dar la facturación de la compañía, pero dijo que está creciendo a un ritmo de entre 50 y 60 por ciento interanual y que, desde el año próximo, ya no dialogará con los gerentes regionales de los bancos, sino con los oficiales de negocios de esas instituciones.
El conocimiento de Requena sobre el negocio se remonta a la experiencia familiar. En los años 60, su padre inició en el interior de Córdoba la recolección, en los frigoríficos de su zona, de las partes no comercializadas que quedaban luego de la faena de bovinos. Esos desperdicios se arrojaban al descampado y a cielo abierto, con la evidente contaminación que eso acarreaba.
"El negocio funcionó, sobre todo porque en esos años comenzó la explotación intensiva de pollos en criaderos, que demandaban alimentos balanceados. Nosotros les proveíamos harina de carne", apuntó.
Pero más tarde llegó la época del recordado ministro José Alfredo Martínez de Hoz y la empresa familiar se fue a pique. Sin embargo, para Requena, los malos tiempos dejaron un aprendizaje.
"Aprendí que sólo sobreviven las empresas ágiles y dinámicas, lo que para mí es un concepto clave. Las empresas no son grandes o chicas; las empresas son ágiles o lentas. Otro concepto muy claro es que no hay quedarse en lo mismo: se deben desarrollar permanentemente cosas nuevas para seguir creciendo", subrayó.
Cuando un empresario dice que su empresa es líder en el rubro, debe demostrarlo. La argumentación del CEO de Yeruvá es la siguiente: "En la Argentina se faena aproximadamente 1 millón de animales por mes. Nosotros manejamos -mediante 76 frigoríficos proveedores- aproximadamente 400 mil animales mensuales. La sangre de los otros 600 mil no siempre es recuperable, porque los frigoríficos son muy pequeños o faenan en lugares muy alejados. De modo que quedan aproximadamente otros 400 mil animales. Ese resto se reparte entre nuestros 2 principales competidores y otros de menor tamaño".
Otro dato es que la compañía, aparte de su establecimiento central en Esperanza, tiene plantas procesadoras en Capitán Bermúdez (Santa Fe) y General Pico (La Pampa), además de una planta recolectora en Río Cuatro (Córdoba). En total produce unas 650 toneladas mensuales, de las cuales 70 por ciento corresponde a hemoglobina y 30 por ciento, a plasma.
Hasta ahora, el negocio central de la empresa fue el procesamiento de sangre vacuna que, una vez separada en hemoglobina y plasma, se deshidrata y transforma en polvo, utilizado por la industria alimentaria, fármaco-química y de nutrición animal. El paso siguiente y en pleno desarrollo, con una nueva planta que se construye en Esperanza, es entrar de lleno al negocio biotecnológico.
"Queremos recombinar los productos alimenticios y funcionales que se extraen del `quinto cuarto de la vaca' (aquellas partes con escaso o nulo valor comercial) con otros que son prácticamente medicinales, agregando algunos derivados de la leche, que también ocasionan problemas de efluentes. Es el caso de los sueros (sobrante tras la elaboración de quesos), que hoy se desechan o se elaboran a medias", explicó.
No es fácil sintetizar el nuevo objetivo por su complejidad técnica. Pero, de una manera simple, puede enunciarse como la preparación de productos semielaborados que contengan proteínas, energía y oligoelementos (cobre, hierro, zinc u otros minerales), que pueden combinarse de distintas maneras para el consumo humano.
Una década después de fundar la compañía, Requena vuelve a tener una idea que algunos calificarían de utópica. "Hay sitios en la Argentina -dice- cuyos habitantes viven marginados y subalimentados. No podemos llevarles carne ni vegetales. Pero sí podríamos llevarles un sobre con polvos, que pueden durar más de un año sin cadena de frío, con todos los nutrientes necesarios, para mezclar con sus comidas habituales".
Es obvio que la distribución de esos sobres no puede asumirla el sector privado.
Mas allá de la preocupación social, el ingreso al rubro biotecnológico abre nuevos horizontes exportadores. Hoy por hoy, de las 650 toneladas mensuales que produce Yeruvá, 350 van a mercados de Sudamérica, África y Asia, mientras los de Rusia y Holanda están en etapa de exploración.
Desde enero, la empresa comenzó a exportar nuevos productos: una mezcla de plasma y derivados de la leche (Plasmalac), una combinación de hemoglobina y derivados lácteos (Hemolac) y una composición que se obtiene de la molienda húmeda del maíz y la sangre bovina, llamada Yerumaíz.
"Estamos trabajando con peptonas (medicamentos biológicos preparados a partir de tejidos orgánicos específicos de vacunos), a punto de sacar la inmunoglobulina y a corto plazo tendremos listas recombinaciones con productos lácteos únicos en el mundo. Los nuevos productos están pensados para la exportación; el mercado doméstico aún no está maduro para ellos", concluyó.
Internacionalmente, los precios de la hemoglobina (53 centavos de dólar por kilo) y del plasma (entre 3,5 y 4 dólares) no son malos y Yeruvá exporta ligeramente por encima de esos valores. Pero la empresa alzó la guardia.
"Nuestros precios, tanto externos como internos, están dados por ser commodities, tanto el plasma como la hemoglobina. Son proteínas que compiten con la de la soja, aunque nuestros procesos no tengan nada que ver con la proteína de la soja", dice Requena.
En tanto, un estudio de la compañía prevé que en el mediano plazo las curvas de facturación y de costos internos se aproximen más de lo razonable. El motivo es el incremento de costos salariales y los ajustes inevitables en las tarifas de gas, electricidad y otros servicios.
"Si esperamos que esa variable se produzca, sin reaccionar, podemos quedar fuera de los mercados internos y externos. Por eso, ahora el esfuerzo es no depender de las líneas de commodities, máxime si tenemos en cuenta que 70 por ciento de nuestra producción es de hemoglobina, que tiene los precios más bajos".
La estrategia, entonces, es desarrollar nuevos productos con mayor valor agregado, destinados a la exportación. En términos económicos, esas nuevas líneas deben mostrar una media de facturación que esté por encima de los valores promedios del plasma. Esto permitirá absorber con mayor eficiencia el incremento de costos internos.
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06-Ene-2009 | |
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